Un día a la vez

Viviendo el presente

La adolescencia no solo transforma el cuerpo, también sacude el alma

por:

La adolescencia es una etapa crucial en la vida de todo ser humano. Según la Organización Mundial de la Salud, la adolescencia abarca las edades comprendidas entre los 10 y 19 años. Edades que marcan el paso de la niñez a la adultez. Indudablemente, es una etapa de vida hermosa; no obstante, tan compleja que también sacude el alma.

Los adolescentes comparten características comunes; aunque cada adolescente vive un proceso de manera única. Durante este periodo, los cambios físicos, emocionales y psicológicos son intensos; sin embargo, hay un área muchas veces olvidada, la espiritual.

En medio de los cambios endocrinos y la turbulencia del despertar de las hormonas sexuales, el joven se enfrenta preguntas existenciales para las que, en muchas ocasiones, no encuentra respuestas lógicas. Así mismo, durante la etapa de la adolescencia debe afrontar una de las necesidades básicas del ser humano: la necesidad gregaria. Esta se refiere al deseo de pertenencia, de ser aceptado en un grupo o comunidad, de formar parte de una “tribu”. Dicha necesidad lo impulsa a crear relaciones interpersonales significativas que le permitan sentirse aceptado, respetado y amado por los demás.

El adolescente también experimenta la necesidad de algo que no logra identificar; siente que hay un vacío en su vida. Lamentablemente, no comprende lo que le sucede y percibe una necesidad imperiosa: la llenura espiritual. Si no vive en un hogar donde se le haya enseñado la existencia de Dios, desconoce que debe buscarlo para llenar ese vacío que siente y que solo puede ser colmado por el Espíritu Santo, lo cual ayudaría a disminuir sus angustias. Asimismo, ignora que al conocer a su Creador encontraría respuesta a sus interrogantes sobre por qué existe, el sentido de la vida y de la muerte, y su verdadero propósito.

 

Crédito fotográfico: Ana Krach

 

En esta etapa de la vida, por la que todos pasamos, resulta difícil expresar con palabras el torbellino de sentimientos existenciales que nos invade. Si a esto se le suma el despertar sexual, la timidez y los cambios físicos, todo en conjunto puede angustiar al adolescente de manera significativa.

¿Es una transición de vida difícil? Desde todo punto de vista, sí. ¿Existen paliativos? Claro que sí. Hay buenas noticias: existe un sanador para la rebeldía del adolescente. Existe Dios, quien aconseja a los padres que guíen y eduquen a sus hijos conforme a Su Palabra, la Biblia.

La Biblia plantea principios y valores que ayudan al buen vivir y a tomar decisiones acertadas a lo largo de la vida.

La Palabra de Dios nos orienta y nos recuerda la responsabilidad de guiarlos con amor y firmeza Proverbios 22:6 aconseja: “Instruye al niño en el camino correcto, y aun en su vejez no lo abandonará”. Y como los padres lo son durante toda la vida de sus hijos, podrán ver los frutos de su labor a lo largo de la existencia de ellos

Uno de los principios bíblicos que debe enseñarse durante la adolescencia es el siguiente: “Hijos, obedezcan a sus padres porque ustedes pertenecen al Señor, pues esto es lo correcto. ‘Honra a tu padre y a tu madre’”. Este es el primer mandamiento que contiene una promesa: “para que te vaya bien y tengas una larga vida en la tierra” (Efesios 6).

 

Crédito fotográfico: Irina / Pixabay

 

Un versículo que puede ayudar al joven a establecer una relación de amistad con Dios se encuentra en Salmos 119:9: “¿Cómo puede el joven llevar una vida íntegra?”. Obedeciendo tu palabra.

En la Biblia existen muchos versículos escritos para enseñarnos a adoptar conductas acertadas durante la adolescencia y la juventud. Uno de ellos se encuentra en Eclesiastés 12:1: “No dejes que la emoción de la juventud te lleve a olvidarte de tu Creador. Hónralo mientras seas joven, antes de que te pongas viejo y digas: ‘La vida ya no es agradable’”.

La paz, el amor y la esperanza que Dios trae a la vida de todo ser humano los capacita y prepara para los momentos de dificultad. Su presencia es suficiente para enfrentar con optimismo los días difíciles. De ahí radica la importancia de educar a los niños y adolescentes en los caminos de Dios.

 

Cambios hormonales y emocionales: más que un estirón

Durante la adolescencia, el organismo experimenta una profunda transformación biológica y emocional, producto de una intensa activación hormonal que impacta de manera significativa en el desarrollo físico, psicológico y social del individuo.

 

La hormona del crecimiento incrementa notablemente su actividad, lo que da lugar a un crecimiento acelerado denominado estirón puberal.

De manera paralela, las hormonas sexuales —hormona foliculoestimulante (FSH), hormona luteinizante (LH), estrógenos, progesterona, andrógenos y testosterona— intervienen en la maduración del sistema reproductivo y en la consolidación de los caracteres sexuales secundarios propios de cada sexo durante la pubertad. Entre estos cambios se destacan:

En el sexo femenino, una mayor acumulación de tejido adiposo y el desarrollo de las mamas, así como la aparición de la menarca o primera menstruación.

En el sexo masculino, el incremento de la masa muscular, el crecimiento óseo y la primera eyaculación, que suele presentarse entre los 14 y 16 años.

En ambos sexos, la evidencia progresiva de la maduración sexual y el inicio de la etapa reproductiva.

La aparición de alteraciones cutáneas, como piel grasa y acné, consecuencia de la acción de los andrógenos sobre las glándulas sebáceas.

Asimismo, durante esta etapa se observa una modificación en los niveles de melatonina, hormona reguladora del ciclo sueño-vigilia. En los adolescentes, su secreción se mantiene elevada hasta altas horas de la noche y desciende más tarde durante la mañana, lo que explica la tendencia a acostarse tarde y la dificultad para despertarse temprano.

Estos cambios biológicos suelen ir acompañados de una vivencia subjetiva de extrañeza corporal y de una mayor labilidad emocional. Como resultado, pueden manifestarse sentimientos de inseguridad, ansiedad y una disminución de la autoestima.

 

Los cambios biológicos pueden generar inseguridad y disminución de la autoestima. Crédito fotográfico: Hanna Pad

 

Desde el punto de vista psicológico y social, durante la adolescencia es frecuente observar:

Una preocupación acentuada por la imagen corporal y la tendencia a realizar comparaciones sociales.

La emergencia de impulsos y sentimientos de naturaleza sexual.

Una intensificación de las respuestas emocionales, tales como tristeza, enojo, euforia o miedo.

El cuestionamiento de normas, valores y aprendizajes adquiridos en la infancia, como parte del proceso de diferenciación y construcción de la autonomía frente a las figuras parentales.

Un aumento de la necesidad de aceptación social, aprobación del grupo de pares y consolidación de la identidad personal.

 

La adolescencia y suicidio

Uno de los temas más preocupantes en la adolescencia es el suicidio.

Sagun la American Academy of Child and Adolescent Psychiatry:

Miles de adolescentes mueren por suicidio cada año en Estados Unidos.

Es la tercera causa de muerte en jóvenes de 15 a 24 años y la sexta entre los de 5 a 14 años.

En Latinoamérica, se estima que ocurren alrededor de 65.000 muertes relacionadas con el suicidio cada año. Estas cifras muestran la importancia de que padres, docentes y adultos estén atentos y actúen para prevenirlo.

 

 

Un estudio de la Universidad de Columbia (2018) encontró que los adolescentes cuyos padres tienen fuertes creencias religiosas tienen un riesgo mucho menor de sufrir pensamientos o intentos suicidas. Según la investigadora Myrna M. Weissman, la fe de los padres puede “transmitir algo protector y poderoso” a sus hijos.

 

Por eso, es importante que los adolescentes descubran valores espirituales y una fe basada en el amor de Dios. Durante esta etapa, algunos jóvenes pueden alejarse de la fe aprendida, mientras que otros sienten un deseo más profundo de acercarse a Dios. Los adultos podemos influir positivamente ayudándolos a fortalecer su fe y su identidad en Dios.

Un entorno de fe auténtica y de amor puede ayudar a los adolescentes a:

Reconocer que su verdadera identidad está en Dios y no en lo que diga el mundo. (Salmos 139:14-16)

Sentirse amados y aceptados tal como son. (1 Juan 4:8)

Entender que sus vidas tienen un propósito importante.

Aprender a amar y ayudar a los demás a través del ejemplo de los adultos.

Es fundamental que los padres y adultos den ejemplo con una fe auténtica y amorosa. Una espiritualidad basada en principios y preceptos establecidos por Dios en su palabra de modo que ellos puedan ser  acercados a Dios.

 

Consideraciones finales

La familia, los docentes, los profesionales de la salud y la Iglesia desempeñan un papel fundamental en la adolescencia.

La familia debe ser un refugio seguro donde se escuche, se oriente, se corrija, se ore y se enseñe a cada niño a relacionarse con Dios, en lugar de un espacio de censura y condena.

Debe ser un entorno donde los jóvenes aprendan que la Palabra de Dios les enseña con amor que, como hijos, deben obedecer a sus padres en el Señor, porque esto es justo. “Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa” (Efesios 6:2); pero también enseña a confiar en Él y a tener una relación cercana con Dios, de manera que Él sea su guía.

“Confía en el Señor con todo tu corazón; no dependas de tu propio entendimiento. Busca su voluntad en todo lo que hagas, y él te mostrará cuál camino tomar” (Proverbios 3:5-6).

Según la UNESCO, “los docentes influyen significativamente en las decisiones de vida de los adolescentes, proporcionándoles las herramientas necesarias para ser ciudadanos responsables y críticos”. Un buen maestro no solo enseña una determinada materia; también es un pilar fundamental de la sociedad para orientar a los adolescentes a descubrir sus talentos, habilidades y aspiraciones.

La Iglesia también puede marcar la diferencia si:

  Crea espacios juveniles donde los adolescentes se sientan útiles y comprendidos.
  Ofrece herramientas prácticas para afrontar temas como la ansiedad, la sexualidad, la identidad y el buen uso de las redes sociales.
  Comunica cómo enfrentar la influencia negativa de la sociedad, que puede distorsionar la identidad sexual que Dios les asignó al nacer, el propósito del sexo; reconociendo que Dios nos creó con un perfecto orden en todas nuestras áreas como seres humanos, y esto incluye el sexo.
  Enseña sobre un Jesucristo cercano, que los comprende y desea ser su amigo.
  Orienta sobre el correcto disfrute de la juventud, actuando con prudencia y buscando siempre la guía de Dios, a quien rendirán cuentas de sus actos. Como dice Eclesiastés 11:9: “Alégrate, joven, en tu juventud, y tome placer tu corazón en los días de tu adolescencia; y anda en los caminos de tu corazón y a la vista de tus ojos; pero sabe que sobre todas estas cosas te juzgará Dios.”

 

Como adultos que hemos transitado la etapa de la adolescencia, resulta pertinente formularnos algunas preguntas orientadas a revisar nuestra posición y responsabilidad frente a los adolescentes que nos rodean:

1• ¿Quiénes son los adolescentes que están en mi círculo de influencia?

2 • ¿Escucho a mi hijo/a adolescente con la misma atención con la que escucho mis propias preocupaciones?

3 • ¿Le permito ser distinto a lo que yo imaginé?

4 • ¿Veo al adolescente solo como estudiante o como un ser humano en pleno proceso de transformación?

5 • Cuando un adolescente se muestra desafiante, apático o distraído, ¿me pregunto qué está atravesando antes de intervenir?

6 • ¿Escucho al adolescente más allá del síntoma que motiva la consulta?

7 • ¿Doy espacio a la pregunta o solo a la respuesta diagnóstica?

8 • ¿Estamos creando un espacio donde los adolescentes se sientan verdaderamente escuchados, donde puedan expresar sus dudas, sus búsquedas y sus preguntas más profundas, sin miedo a ser juzgados ni corregidos apresuradamente?

9 • ¿Acompañamos sus procesos de identidad y transformación con paciencia, presencia y misericordia, o sentimos la urgencia de exigir respuestas y definiciones antes de que estén listos para darlas?

Los adolescentes no necesitan adultos perfectos, sino adultos presentes, capaces de escuchar sin apresurar, de explicar sin anular, y de acompañar sin invadir.

Si quieres seguir profundizando en este y otros temas, te invitamos a explorar diferentes artículos en nuestra página Cada día es una nueva oportunidad para crecer… un día a la vez.

 


 

Artículo relacionado:

El viaje de ser mujer: hormonas, sentimientos y espiritualidad. Abrazando cada etapa, un día a la vez

 


 

 

La adolescencia es una etapa crucial en la vida de todo ser humano, es hermosa; no obstante, tan compleja que también sacude el alma.

Los adolescentes comparten características comunes; aunque cada adolescente vive un proceso de manera única

📖  “Alégrate, joven, en tu juventud, y tome placer tu corazón en los días de tu adolescencia; y anda en los caminos de tu corazón y a la vista de tus ojos; pero sabe que sobre todas estas cosas te juzgará Dios.”
— Eclesiastés 11:9